RECUPERAMOS ESPACIOS DE PATRIMONIO CULTURAL – Ayuntamiento de Hornachos

El Ayuntamiento de Hornachos ha adjudicado a Al-Senera Obras y Servicios SLU las actuaciones necesarias para la conservación, consolidación, restauración y puesta en valor de la Alcazaba de Hornachos, con una inversión de 1.661.931,75 € procedente de los fondos Next Generation EU (PRTR)
La Alcazaba de Hornachos es un monumento que está catalogado con tipo de protección “Integral” según las determinaciones fijadas en el instrumento de ordenación urbanística vigente del municipio, Normas Subsidiarias del Planeamiento Municipal, NNSS.R-001. Además, según la Ley 2/1999, de 29 de marzo, de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, al tratarse de un castillo, está declarado como Bien de Interés Cultural.
En la Alcazaba de Hornachos nos encontramos ante una fortaleza de gran extensión, alzada sobre el casco histórico de la ciudad, y por tanto, convertida en un hito urbano fundamental. Ha llegado completo a nuestros días con casi todo su perímetro defensivo completo, y los vestigios conservados presentan una envergadura y monumentalidad excepcionales. Las intervenciones de consolidación son escasas, aunque plenamente definidas, e igual cuestión podemos señalar para la arqueología, que se ha realizado sobre todo en los últimos años.
Se hacen evidentes ciertas necesidades de consolidación en los muros defensivos de esta fortificación, que se verán resueltas mediante la definición de un programa de actuaciones generales.
Además, tenemos que considerar que estas estructuras, al estar poco atendidas desde su origen, se pueden considerar una reserva arqueológica de indudable potencial, que es preciso preservar con cuidado en la restauración para su estudio e investigaciones científicas futuras.
Podemos sugerir como condición sine qua non y particular para la consolidación de esta muralla el mantenimiento tras las consolidaciones de la imagen precisa de los restos de la fortificación como están hoy en día, con mínimas y justificadas reconstrucciones o correcciones formales. Los muros deben mantener su impacto como testimonios arqueológicos, pero, a su vez, deben ser consecuentes con la imagen que el paso del tiempo ha dejado en ellos y que el ciudadano ha asimilado como establecida.
Así, la intervención restauradora partirá de un concepto metodológico de respeto a la realidad construida del edificio y su historia, aunque, no lo olvidemos, siempre como consecuencia de la valoración previa de todos los factores de decisión de los que disponemos, sobre todo de aquellos que eviten la destrucción de la construcción a causa de las patologías. En definitiva, se tratará así de evitar actitudes conservadoras inmovilistas y asociadas al pintoresquismo restaurador que predomina a menudo, y que sólo tratan de “limpiar la cara” al monumento sin considerar su carácter específico y su particular evolución.

